
Siempre se me ha hecho difícil hablar de una canción, de un artista o de un álbum que me guste, no se si es por mi incapacidad innata de expresar lo que siento o porque simple y verdaderamente no hay forma alguna de poder describir en palabras sensaciones tan únicas como las que produce en mi la música. Por esta vez haré el intento de plasmar en palabras lo que mis oídos escuchan, lo que mi boca canta, lo que mis ojos lloran y lo que mis pies siguen.
El escogido fue REPTILECTRIC de ZOÉ, un álbum muy especial para mí, el que compré después de haber escuchado más de mil veces y, el que tal vez ya no era necesario tener, pues ya me sabía cada canción. Sin embargo, lo compré y eso es más que saberse cada canción de memoria.
Para escribir sobre Reptilectric y en general sobre todos los trabajos de Zoé, hay que recurrir inevitablemente a palabras un tanto místicas, un poco espaciales, un lenguaje cósmico, que viene desde las canciones mismas y que se contagia casi necesariamente. Las 11 canciones de Reptilectric traen en su ADN un toque de magia con algo de escepticismo, ingredientes que llevan a que quien las escuche deba tomar una decisión: o las escucha, se deja enganchar y se emociona o simplemente las escucha y las desecha por considerarlas ingenuas e imprecisas.
Para quien se quede con la primera opción, el disco será un gran viaje, lleno de personajes ficticios, lugares sin espacio y sonidos experimentales, para los de la segunda opción ya no será nada, serán canciones con música y letras indescifrables. Entonces, para mayor emoción, quedémonos con quienes se dejaron contagiar.
Reptilectric nos trae en su primer corte la canción que le dio el nombre al álbum, escogida, arriesgadamente como el primer sencillo del disco. No es para nada una canción con un coro pegajoso, por el contrario, es una canción tajante y seca que nos deja a la expectativa desde el primer golpe de la batería, por suerte para todos, esa contundencia tuvo gran éxito en los oídos de quienes la escuchamos y como consecuencia en las emisoras y canales de videoclips.
La siguiente canción del disco es Nada, debo reconocer que esta canción me hizo llorar la primera vez que la escuche, trae en ella un tono de melancolía que me fue imposible controlar, suena a balada romántica, a música antigua, suena a esas canciones que tal vez mis papás me debieron enseñar a escuchar para no llorar en el primer intento.
Me salto algunas piezas del álbum para llegar a Poli, de mis preferidas del disco, con la voz de León aguda sólo cuando es necesario, contándonos una historia de amor en una poesía simple, bohemia y mexicana, que paradójicamente la convierte en una de las canciones más universales del disco. Neandertal, una canción que juzgué sin haberla escuchado, pues por su nombre ya no me gustaba, me dejó sin palabras cuando por fin le puse “play”, es majestuosa, los sonidos, las letras y la voz se unen perfectamente.
Fantasma es una canción muy emotiva, la más profunda y sincera del disco, Larregui la escribió porque en la creación del álbum su padre murió, y con ella nos transmite tristeza y soledad. Debo aceptar que es una canción que no escucho mucho por que de verdad logra bajarme el ánimo, pero por esa profundidad y capacidad de transmitir emociones es una gran canción.
Con Babilonia llegamos al final del disco, el comienzo de la canción es como un canto gregoriano-contemporáneo (¿si?), al que se le van sumando poco a poco la batería, los sintetizadores, luego la voz principal, la guitarra y quien sabe cuantas cosas más que mi oído no capta, la canción no termina con la misma intensidad pero es suficiente para dejar una sonrisa en mi cara.
El arte del disco es simple y sin muchas pretensiones. Las letras de las canciones no vienen en el librito, o si vienen pero en letra microscópica, entonces, es más fácil y divertido escucharlo muchas veces hasta que las palabras comiencen a surgir espontáneamente de su boca.
Después de haber escuchado este disco no me queda más que agradecerle una vez más a León Larregui por compartir su universo a través de las letras y su voz, al resto de la banda por saber comunicarlas con su música y también a Phil Vinall por haber apadrinado a estos chicos y llevarlos por el camino sideral.
SEPTIEMBRE 13 DE 2009